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Ovellocorvo

miércoles, marzo 09, 2005

Clara

¿Qué hace que nuestros chicos tengan tantas dificultades para asumir sus responsabilidades como estudiantes y enfrentarse seriamente a sus obligaciones escolares? Recuerdo que Clara me confesaba que su problema podía expresarse así:

“Me cuesta ponerme a estudiar; lo dejo para más tarde y se me pasa el día sin haber estudiado”.


Si nos paramos a analizar las manifestaciones de Clara nos damos cuenta de que esta chica siente un rechazo hacia las tareas escolares que lleva a su subconsciente a sugerirle que retrase su encuentro con las actividades que le desagradan; posteriormente ese mismo mecanismo que difiere el encuentro con las tareas escolares se encarga de borrar de su memoria el trabajo pendiente para que no tenga que verse en la ingrata obligación de afrontar el estudio.

Si pretendiésemos ayudarle a conseguir una actitud más positiva hacia los estudios y a las tareas escolares deberíamos sugerirle una actuación simultánea en dos frentes:

De una parte adquirir el hábito o la inercia de dedicar una parte de la tarde a encerrarse en su cuarto delante de los libros; que esta rutina se instaure mecánicamente hasta que resulte natural entrar en en cuarto a la hora preestablecida para cumplir el horario prefijado, independientemente de la carga de trabajo/obligaciones, de la proximidad de los exámenes o de pasar por una etapa de programación más relajada. Con el paso del tiempo irá adquiriendo el hábito – y su organismo lo asimilará así-, de pasar una parte de la tarde en el cuarto de estudio y disminuirán las demandas conscientes e inconscientes de satisfacer otras necesidades, de salir, mismo de rechazo. De alguna manera este ritual, esta imposición condicionará nuestra voluntad díscola y la volverá más disciplinada.

Otro aspecto a considerar y tratar será en profundizar en los factores que nos llevan a rechazar nuestras obligaciones: aquí podemos encontrar desde el recuerdo de una mala experiencia, a una infravaloración de la importancia del estudio para ayudarnos a madurar y a hacernos autosuficientes e independientes en nuestras percepciones, en nuestros juicios y en nuestro actuar personal y también profesional; desde una baja estima de nuestras aptitudes a un insuficiente desarrollo de nuestra fuerza de voluntad; desde un temor al fracaso a la acumulación de falsas estimaciones y prejuicios. No es que no se pueda salir a delante con ciertas probabilidades de éxito sin clarificar estos puntos y resolver los correspondientes conflictos, pero no hemos de ocultar que estos lastres condicionan notablemente nuestras posibilidades de un desarrollo adecuado y hacen muy ingrato el trabajo de enfrentarse al estudio.

Otros matices que añadir a lo dicho pasarían por un análisis en profundidad de cada caso concreto; para ello tanto Clara como cualquier persona que pueda sentirse reflejada en estas líneas tiene a su alcance profesores, orientadores y la ayuda inconmensurable de sus padres. A veces una comunicación sincera de nuestras inquietudes y problemas nos hace percibir la realidad de forma distinta y nos facilita el apoyo y la ayuda de los que están a nuestro alrededor.

miércoles, marzo 02, 2005

Justificación

"¿Cómo sabe el cuervo tantas historias? Acaso porque es longevo, acaso porque sus fuertes alas le consienten largos viajes...Dicen que en algún tiempo tuvieron sus plumas brillantes colores y que los fue abandonando al descubrir lo efímero de las vanidades y la puntería de las armas de caza. Por ser sabio siente esa inclinación de los sabios hacia los trajes negros. Los hombres lo encuentran inquietante y enigmático. Él conoce a los hombres mejor que los hombres a él. Y también a los demás seres" (W.Fernández Flórez).
El viejo cuervo sólo aspira a contar historias (o a contarselas, a sí mismo). Si sus plumas marcan otro ritmo... se ha equivocado

Latidos



¿Cómo son nuestros adolescentes? No es posible abarcar en una definición una vida y mucho menos cuando esta vida se está abriendo con toda la energía e ilusión que permiten los catorce años. Tampoco podemos intuirla a través de un conjunto de datos porque la vida misma es inabarcable, es un camino inédito que se va formando y alargando a cada paso dado. Pero si la vida no se puede condensar, su aliento es perceptible en cada gesto, en cada aliento, en cada mirada, en cada sueño.


María nos remite esta respuesta ante la provocación de la pregunta:¿Por qué no estudiamos?

Esta debería ser la pregunta que más nos formuláramos los "estudiantes" (curiosa forma de llamarlos, ya que, en la mayoría de los casos no tocan los libros). Y aunque muchas veces nos la hacemos, interiormente no damos con la solución adecuada.


Y es que esta cuestión tiene infinidad de respuestas incorrectas. Las más utilizadas son : porque no tengo tiempo; si hago todos los deberes que manda el profesor, se me hace muy tarde; porque no me gusta estudiar...


Todo esto es un error, ya que si queremos, todos encontramos como mínimo una hora y media diaria en la que estamos pensando: ¿y ahora qué hago? Me aburro mucho.


Y esto referido a estudiar, porque si hablamos de hacer los deberes, la cosa es mucho peor.

En estos casos, también encontramos muchas respuestas que no justifican nada, pero con las que nos quedamos muy tranquilos y no sentimos remordimientos de conciencia.


Las que más se utilizan, suenan algo parecido a esto: no entiendo estos ejercicios; esto es culpa del profesor que no explica y aún así nos manda deberes y ... Pero lo cierto es que no estudiamos simplemente, porque no tenemos la fuerza de voluntad suficiente para hacerlo y entonces pasa lo que pasa: preferimos aburrirnos sin hacer nada o ver la televisión antes de hacer los deberes y estudiar, cumpliendo así, nuestro deber como alumnos.


Lo peor es que nos damos cuenta de lo bien que nos sentimos cuando ya realizamos todas nuestras tareas y que esa tranquilidad la podríamos sentir siempre, trabajando un poco.


Pero la verdad es que no creo que estos razonamientos me sirvan de mucho, ya que no es la primera vez que medito sobre ellos y mi método de estudio sigue siendo el mismo.


Y es que como ya dije antes, no se estudia por falta de voluntad.