Clara
¿Qué hace que nuestros chicos tengan tantas dificultades para asumir sus responsabilidades como estudiantes y enfrentarse seriamente a sus obligaciones escolares? Recuerdo que Clara me confesaba que su problema podía expresarse así:
“Me cuesta ponerme a estudiar; lo dejo para más tarde y se me pasa el día sin haber estudiado”.
Si nos paramos a analizar las manifestaciones de Clara nos damos cuenta de que esta chica siente un rechazo hacia las tareas escolares que lleva a su subconsciente a sugerirle que retrase su encuentro con las actividades que le desagradan; posteriormente ese mismo mecanismo que difiere el encuentro con las tareas escolares se encarga de borrar de su memoria el trabajo pendiente para que no tenga que verse en la ingrata obligación de afrontar el estudio.
Si pretendiésemos ayudarle a conseguir una actitud más positiva hacia los estudios y a las tareas escolares deberíamos sugerirle una actuación simultánea en dos frentes:
De una parte adquirir el hábito o la inercia de dedicar una parte de la tarde a encerrarse en su cuarto delante de los libros; que esta rutina se instaure mecánicamente hasta que resulte natural entrar en en cuarto a la hora preestablecida para cumplir el horario prefijado, independientemente de la carga de trabajo/obligaciones, de la proximidad de los exámenes o de pasar por una etapa de programación más relajada. Con el paso del tiempo irá adquiriendo el hábito – y su organismo lo asimilará así-, de pasar una parte de la tarde en el cuarto de estudio y disminuirán las demandas conscientes e inconscientes de satisfacer otras necesidades, de salir, mismo de rechazo. De alguna manera este ritual, esta imposición condicionará nuestra voluntad díscola y la volverá más disciplinada.
Otro aspecto a considerar y tratar será en profundizar en los factores que nos llevan a rechazar nuestras obligaciones: aquí podemos encontrar desde el recuerdo de una mala experiencia, a una infravaloración de la importancia del estudio para ayudarnos a madurar y a hacernos autosuficientes e independientes en nuestras percepciones, en nuestros juicios y en nuestro actuar personal y también profesional; desde una baja estima de nuestras aptitudes a un insuficiente desarrollo de nuestra fuerza de voluntad; desde un temor al fracaso a la acumulación de falsas estimaciones y prejuicios. No es que no se pueda salir a delante con ciertas probabilidades de éxito sin clarificar estos puntos y resolver los correspondientes conflictos, pero no hemos de ocultar que estos lastres condicionan notablemente nuestras posibilidades de un desarrollo adecuado y hacen muy ingrato el trabajo de enfrentarse al estudio.
Otros matices que añadir a lo dicho pasarían por un análisis en profundidad de cada caso concreto; para ello tanto Clara como cualquier persona que pueda sentirse reflejada en estas líneas tiene a su alcance profesores, orientadores y la ayuda inconmensurable de sus padres. A veces una comunicación sincera de nuestras inquietudes y problemas nos hace percibir la realidad de forma distinta y nos facilita el apoyo y la ayuda de los que están a nuestro alrededor.
