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Ovellocorvo

domingo, abril 10, 2005

Estudiantes.1

Anamari me confía que no estudia todo lo que debiera porque está convencida de que el estudio no sierve para nada; cuando se pone a estudiar experimenta molestias y dolor de barriga; cada vez que tiene que enfrentarse con un examen oral o escrito tiene miedo...

Vayamos por partes: Está muy extendida la afirmación de que los estudios no sirven para nada, pero cuando Anamari se manifiesta así, ¿qué pretende decir exactamente? Que saber o no saber es igual para la satisfacción personal, para moverse por el mundo, para solucionar los mil y un problemas personales y profesionales que debemos abordar, que los conocimientos que aparecen en los libros no tienen relación con los problemas reales, que después de seguir un plan de estudios no estamos en mejores condiciones de realizarnos personal y profesionalmente... ¿Qué piensa realmente al respecto? ¿Qué quiere decir?

Está algo equivocada en su percepción al creer que los conocimientos que integran los planes educativos no sirven para afrontar los retos cotidianos. Sirven para el desarrollo personal pero también para afrontar con éxito cualquier dificultad. Lo contrario sólo se puede sostener desde una consideración superficial y raquítica del saber.

Nunca usamos directamente los conceptos y las enseñanzas tal y como aparecen en los libros, ello es evidente entre otras cosas porque los humanos somos únicos e irrepetibles y nuestros problemas teniendo en cuenta su naturaleza y la persona que los debe analizar y resolver con su inteligencia y los medios a su alcance, los transforma en singulares. ¿Cómo puede, por tanto, un manual de estudio o los currículum dar respuesta literal a mi problema? Exactamente a mi problema no, pero a problemas semejantes al mío, a circunstancias homologables y equivalentes, de forma constante.

Tiene algo de razón en que nunca o casi nunca usaremos los conceptos en los mismos términos y circunstancias en que aparecen en los libros; que jamás nos van a preguntar la solución de un problema de ecuaciones en nuestro puesto laboral; que seguramente no nos pedirán nunca una composición sobre la amistad. Pero esto es algo que va implícito en la misma ciencia que es la sistematización de conocimientos y aplicaciones para posibilitar y optimizar los aprendizajes. Ello no quiere decir que no tenga que recurrir a la ley de Ohm, a los procesos que expresan las fórmulas de las reacciones químicas, a tratar conjuntos de variables en cálculos y en investigaciones, a responder cartas, redactar informes o exponer en conferencia los resultados de una investigación o las ventajas de utilizar tal o cual producto.

Lamentablemente, la relación entre los conceptos aprendidos en la escuela y sus aplicaciones en la vida real sólo se perciben cuando hemos asimilado convenientemente los principios científicos y sus aplicaciones, algo que demanda algo más de tiempo y reflexión del que conceden los programas académicos y la dinámica de las clases. Un sistema donde el estudio obligatorio por decreto y las opciones definidas entre las disposiciones legales y la disponibilidad de medios no deja ocasión ni tiempo para que los profesores puedan extenderse en las derivaciones y aplicaciones prácticas de los axiomas y teorías científicas. Los intereses de la adolescencia, hábitos y capacidad de abstracción no son los más apropiados para comprender en profundidad el significado del saber y la relaicón entre los elementos del currículum y las demandas culturales, sociales y profesionales. Por ello sería positivo adoptar una disposición a aceptar la capacidad y la autoridad de los técnicos que han definido y establecido los ejes del sistema y los bloques de contenidos que constituyen el currículum de cada etapa educativa.

Demagogia y demagogos

Demagogia, dice el diccionario de J. Casares. es la dominación tiránica de la plebe; y demagogo el jefe o caudillo de una facción popular. Demagogos y demagogia son dos caras de una actividad política que no resulta rara cuando hay capas sociales poco escolarizadas y sectores de población adictos a los medios de comunicación audiovisuales: los unos porque no disponen de las herramientas necesarias para analizar y contrastar las informaciones, los otros porque adictos a las secuencias de planos e imágenes, no les queda tiempo suficiente para reflexionar.

Me ahorraré citar algunas de las últimas intervenciones demagógicas que he oído, pero si el lector está interesado en conocer el tono de las mismas puede reflexionar sobre algunas proclamas del tipo: "las instituciones públicas son inembargables", "para que haya paz suprimamos los ejércitos", "repartamos los bienes y todos seremos ricos"... No cabe duda que suenan bien; pero si se analizan pormenorizadamente estas y otras muchas proclamas que pueden oírs en cualquier esquina, lo más que se puede encontrar en ellas son envoltorios llenos de aire, o si preferís "buñuelos ideológicos". La inembargabilidad de las instituciones públicas es un buen pretexto para gastar sin medida y dejar hipotecadas las generaciones venideras; suprimir los ejércitos es el camino más corto para dejar al débil a merced del más fuerte; repartir los bienes da ocasión para hacer las divisiones a medida y cobrar por el trabajo...

Los demagogos usan diversos mecanismos para lograr sus propósitos: utilizan frases rotundas y redondas; dicen en voz alta lo que nosotros queremos oír; deprestigian las soluciones sensatas y nos sumergen en dudas y desasosiego para lanzar el anzuelo en la turbiedad de nuestros razonamientos en busca de pesca, pues ya se dijo que "a río revuelto, ganancia de pescadores".

Lo nefasto de la demagogia no es que sus propuestas sean voluntariosas, ilusorias e irrealizables; lo peligroso no es que nos seduzcan con utopías. Si no hubiese en sus planteamintos una decisión firme, inconfesa y alevosa de engañarnos con brillante manejo del idioma, habilidosa utilización de nuestras debilidades, simulación de estados de opinión y otros medios de presión para alterar nuestras claves de análisis y arrastrarnos a conclusiones falsas.

Si en vez de políticos fuesen trileros, les concederíamos el beneficio de la duda y loaíamos su buen hacer para conseguir los fines propuestos; pero la política tiene como principio la defensa del interés público, de lo que conviene al pueblo: bienestar, orden y buenas costumbres. Y en ese ámbito no podemos ser transigentes porque afecta a todos, empezando por los más débiles e indefensos. El primer paso para aliviar las penalidades de los desheredados de la fortuna, de los que arrastran la pobreza y de los que queman su salud en las adicciones, es la defensa de la ley, la promoción de los valores fundamentales de la sociedad, la difusión de la cultura y el desarrollo económico.

Si las normas afectan a todos, si hay orden, si la educación posibilita el aprovechamiento de las potencialidades y fomenta una escala de valores a la medida de la dignidad humana, si el desarrollo económico posibilita que todos puedan insertarse en el sistema para vivir de su trabajo... la sociedad alcanzará su plenitud y desarrollo. Mas los demagogos no tienen por meta el bien de la sociedad ni el desarrollo de la misma; sus intereses son otros.

¿Cuáles? Las respuestas son fáciles de elaborar. Búsquelas usted.