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Ovellocorvo

miércoles, septiembre 28, 2005

Andróginos

Ovellocorvo


Cuenta Platón en el Banquete, que en el principio de los tiempos existían tres clases de seres humanos: hombres, mujeres y los andróginos, que eran ambas cosas a la vez. Estos tenían cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras y por supuesto dos sexos.
Eran los seres más hermosos, los más inteligentes, los más rápidos en la carrera... y por ello eran los preferidos de los dioses.
De su perfección nació su pecando, un pecado de vanidad que los llevó a vivir dolorosamente por los siglos de los siglos.
Tan orgullosos estaban de ser superiores que concibieron la idea de instalarse en el Olimpo, sin reparar esa residencia estaba reservada exclusivamente a los dioses.
Júpiter, irritado por la osadía de los andróginos pensó en fulminarlos con su divino rayo; pero luego, conmovido por la perfección de estos seres, resolvió separarlos haciendo de cada uno, un hombre y una mujer.

La mitología da respuestas simbólicas y poéticas a los grandes temas que preocupan al hombre. Y la da no sólo de forma poética, bella, mas en lenguaje connotativo, sugerente, invitando a la reflexión y a la reinterpretación del mensaje hasta encontrar la respuesta personal a la íntima inquietud personal.
En este caso trata de explicar la angustia de la soledad, la atracción de los dos sexos, la perfección y plenitud que se logra con el amor, a semejanza de los dones de los primitivos andróginos.
No se queda aquí detenido el sentido del relato: su exploración nos lleva a comprender mejor el misterio de la atracción mutua hombre-mujer, la recreación de la persona que vemos como complementaria de nuestra esencia, la dificultad de discernir cuál ha de ser el compañero idóneo y el indicio de los éxitos/fracasos de esta hermosa caminata que nos lleva por el sendero de compartir la vida.
Queda sugerida la fuerza, la energía y la perfección de ese equipo formado por dos seres que se aman, que comparten anhelos y luchan por una meta común; de complementariedad, de asistencia, de consejo, de apoyo, de motivación y de afirmación. Se percibe la posibilidad de la divergencia y aun de la incompatibilidad: es tan difícil identificar la parte que no hemos podido ver nunca, pero es a la vez tan reconfortante saber que ese complemento ideal existe que brota en nosotros una fuente inagotable de energía para salir a descubrirla.
Se comprende que en esta pesquisa ciega no siempre se acierte a encontrar “la otra mitad”, o se prefiere, casi nunca, por lo que no resulta improbable que la pareja resulte inviable; de ahí la importancia de poner atención y ser cuidadosos en el momento de tomar las decisiones.
Y un último apunte: las dificultades de encontrar la “otra parte justa”, la que con nosotros constituía la unidad “andrógina” siguen estando presentes tanto en el primer intento como en el segundo, en el tercero o en el quinto. Nada nos garantiza que a una equivocación siga un acierto. Lo acertado, a veces, consiste en no obsesionarse con hallar a la persona justa, más en ir con amor, paciencia y diálogo limando las aristas que hieren y dificultan la conjunción.

Derivas

No hace falta que lo recojan las encuestas, no es precisa la denuncia de médicos, educadores, o responsables; basta con salir a la calle a cualquier hora del día para observar grupos de adolescentes en cualquier esquina, agrupados compartiendo lo que genéricamente se denomina “porro”.
La sociedad en general y los sectores más jóvenes de forma evidente se han tomado las normas y las costumbres como algo superfluo y con una frivolidad pasmosa han aceptado como anticuado, atávicamente unido al pasado todo lo que está establecido, lo que restringe el ejercicio de la real gana y condiciona las quiméricas ocurrencias. Pudiera resumirse este clima en la frase: Si está desaconsejado conviene; si está prohibido es bueno.
Sería un buen ejercicio psicoanalístico clarificar los mecanismos que desencadenaron estos despropósitos y a ello animo a quien tenga la formación y el tiempo necesario para profundizar en el tema; para nosotros baste con señalar que la obsesión de ir contra lo razonable y transgredir continuamente las normas son síntoma de preocupantes desajustes.
Baste con que esté acreditado el daño que el tabaco representa para la salud, para que un amplio sector de la población se aplique a dejar buena parte de sus ahorros en los estancos, al tiempo que comprometen seriamente su salud. Abunda con que estén prohibidas las sustancias estupefacientes para que se haga cuestión de honor el consumirlas. Individualmente, en pareja, en grupo... parece que no hay posibilidad de estar juntos si no está presente la aglutinadora fuerza gravitatoria del alcohol, del tabaco o de la droga. Se diría que nuestros herederos tienen tal falta de destrezas para aprovechar la vida que buscan compulsivamente la forma de destruirla.
Resultaría preocupante comprobar a qué años empiezan los niños a beber alcohol de alta graduación, a qué edad comienzan a fumar, en que momento se inician en el consumo de la droga y se meten en otros despropósitos ... si no fuese directamente desesperante. O tomamos el toro por los cuernos, buscamos las causas de tanto desvarío y nos ponemos a trabajar con ahínco en desempolvar esos principios que con la experiencia acumulada en el paso de los siglos y con la prueba de su inmutabilidad a lo largo de la historia nos han dejado ser cada vez más autónomos y dueños de nuestro destino, o la partida está perdida.
Aislémonos del ruido que nos asfixia, pensemos en desactivar esta amenaza que gravemente nos acosa; tengamos coraje para reconocer nuestros desestimientos y aplicar los ajustes necesarios sin hacer caso de comentarios y sin temor, que cuando la vida de una sociedad corre peligro, no es sensato discutir las incomodidades del remedio.

sábado, septiembre 10, 2005

Machado

MACHADO

Mary:
“Al viejo olmo herido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las aguas de abril y el sol de mayo
algunas ramas nuevas le han nacido... “ decía Antonio Machado.

He leído muchas veces ese poema dedicado al viejo olmo, incluso lo había aprendido de memoria pero hasta hoy no he comprendido plenamente lo que quería expresar el poeta.
Puede que Antonio Machado tuviese en su memoria la imagen, el recuerdo, la presencia de un olmo, viejo, mustio, a punto de secarse o aparentemente seco, pero de quien nos quiere hablar el sensible poeta es de sí mismo. El viejo olmo es el propio poeta, que ha sido herido por el rayo del destino, de la desgracia, o de la pérdida del ser más querido de su alma, con el corazón cansado, desilusionado, como podrido... que con las aguas de abril y el sol de mayo -la primavera-, ha sentido el aliento de una ilusión, de sentir el amor hacia alguien. Esas ramas nuevas, esos brotes tiernos, esa promesa de nuevas ilusiones son la promesa de un posible idilio que uno quisiera duradero, pleno...
Al igual que él, me siento viejo, desilusionado y acabado. Si a él una ilusión, un amor, ha despertado en su corazón nuevas ansias de vivivir, proyectos renovados y esperanza, a mí, tu filial cariño, me hace brotar ramas de ilusión para seguir tendiendo una mano a los adolescentes que no se conforman con dejarse llevar por la corriente insana de la comodidad, del ‘todo da igual’, del ‘a vivir que son dos horas’, del dejarse llevar por la corriente.
Hay que estar al lado de aquellos que presienten que hay una forma diferente de enfrentar la vida: luchando por crecer, por ser cada vez más independientes, por buscar otros modos de afrontar la corriente de la vida , porque quieren y tienen el derecho de soñar con una vida mejor.
Tus ojos no dejarán adormecer mi espíritu y me recordarán cada día que alguien espera.
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Ovellocorvo

No cambies...

No cambies; sigue siempre así...”
Esta frase salida de labios adolescentes, en tonalidad dulce pero apasionada, y al brillo de una mirada intensa de ojos oscuros, me sobresalta y despierta en mí un sentimiento dormido de ilusión y esperanza en la cotidiana labor.
En otros tiempos estaba entusiasmado y convencido de la trascendencia de mi actividad profesional en la mejora de las expectativas de niños y jóvenes. De algún modo hacía mía aquellas palabras que sentenciaban que la educación era la palanca más poderosa para el mundo y mejorar a los grupos sociales a través del perfeccionamiento de cada individuo. Esa ilusión y esa fe ciega (al menos en el sentido de que no se me ocurría poner en cuestión mis creencias) en la trascendencia y eficacia de la labor docente me llevaban cada día a entusiasmarme y a multiplicarme tratando de encontrar en cada momento las estrategias y los recursos de contagiar entusiasmo, experiencia y conocimientos para despertar en los niños el afán por aprender, la energía para analizar, reflexionar y construir nuevos caminos en la solución de los problemas, la confianza en las capacidades propias y en la eficacia de la tenacidad.
El paso de los años, las heridas de tutores, padres y compañeros que temerosos, decían, de que mi ímpetu dañase las frágiles mentes y perezosas voluntades de sus pequeños han intentado crearme problemas y amargarme la existencia; y los resultados cada vez más cortos, quizá por la pérdida de energía, ilusión o el clima de comodidad instaurado en nuestro medio social, han ido borrando de mi espíritu la confianza en el poder redentor de la labor educativa, han cortado las alas de mis sueños y han roto el ímpetu de mis palabras. La fe de antaño se ha vuelto duda, la fuerza del entusiasmo en caminar cansino y la creatividad de estrategias y recursos en acomodaticia inercia. Si a esto añadimos las convulsiones de esta civilización decadente que ha sustituido el altruismo por el interés inconfesable, la generosidad por el aprovechamiento y el idealismo por la ganancia, no debería de sorprender que me resultase inusitado que mis parcos recursos fuesen de utilidad para alguien y que ese alguien no sólo aprovechase de ellos, mas sintiese el necesario impulso de tener que manifestar gratitud y el deseo de que otros pudiesen contar con esa mano tendida.
Gracias Mary, con el corazón me expreso.
Si tú me has acogido como a una voz amiga, si has escuchado mis consejos con la confianza con la que escuchamos a un padre, si lo poco que yo te pude aportar te sirve para ser más tú y más persona, es que aún queda esperanza de que mis débiles fuerzas puedan ser útiles a alguien y esa esperanza me dará energía para tratar de rejuvenecer en mi trabajo.



Ovellocorvo