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Ovellocorvo

domingo, noviembre 27, 2005

Enrique

¡Que no están los tiempos para esto! Que la aspiración mayor de cualquier joven, chico o chica, es hacer una carrera rápida y encontrar un trabajo bien remunerado para poder vivir a todo tren. Y si fuese posible incluso sin carrera; lo importante es tener medios para disfrutar y poder deslumbrar a los conocidos con nuestros relatos de logros, viajes ... De ello saben mucho nuestros padres, los profesores y todo el que consulta los estudios sobre la educación: cada día se rehuye más el esfuerzo, la voluntad está floja y el espiritu de sacrificio reñido con el sentido común. Por ello, cuando alguien consigue sacar adelante una carrera difícil, merece nuestro respeto y admiración; si además consigue un trabajo estable y bien remunerado, ya sentimos confusión y envidia; si reúne además los valores de juventud y distinción... ¡vaya partido!
En tiempos de tribulación, de materialismo y de cultivo desaforado del hedonismo, la sensatez está de saldo, la responsabilidad desacreditada y la fe prohibida. ¿Cómo admitir en la era del raciocinio, del avance científico, algo tan arcano como las creencias? ¿En cabeza de quién puede entrar una historia tan infantil? ¿Cómo contraponerla a los descubrimientos de la ciencia, ahora que ya hemos sintetizado las más complejas moléculas y descifrado el genoma humano? ¿Quién alcanza tal grado de estupidez? Habría mucho que hablar sobre esto, y proponer una revisión minuciosa de lo que dice la ciencia a propósito de sus avances y descubrimientos, en términos estrictamente científicos, no peridísticos o sensacionalistas; pero no forma parte del tema presente.
Llega a mi conocimiento, la historia de un joven, Enrique, de unos treinta años, estudiante de provecho, flamante ingeniero de telecomunicaciones, empleado en una sociedad multinacional y con una nómina sustanciosa que, tras pensarselo bien, deja todo para ingresar en un seminario.
¿Un tipo raro? A tenor de los parámetros y de los valores de la desnortada sociedad actual se podría pensar que sí; mas si reparamos en algunos detalles, deberíamos ajustar nuestra apreciación. Tendemos a pensar que la gente que deja el mundo y su regocijo se siente fracasada, desencantada, desesperada y, permitidme que lo diga, me parece que nada hay más lejos de la realidad. ¿Por qué yo, que no hice una carrera difícil, me voy a arrogar la capacidad de comprender mejor la realidad que él? ¿Por qué ha de presuponérseme más destreza en analizar todos los ángulos de una realidad vital? ¿Cómo negarle destrezas para resolver los problemas cotidianos de la vida y de relación interpersonal a quien ha sabido desempeñar brillantemente sus labores profesionales en el seno de una corporación foramndo parte de un equipo humano y con responsabilidades técnicas, ejecutivas y de colaboración? ¿Por qué no admitir otras razones que nuestra mente no valoraría lo suficiente?
No son, Enrique, y otros muchos que ejercen análogas opciones, tipos raros, ni nada de lo que se nos pueda ocurrir para explicar lo que para nosotros resulta incomprensible; son, mas bien, personas sabias, integras y generosas que han sabido valorar los distintos caminos y funciones que nos destina la vida, obrar consecuentemente con sus ideales y ofrecernos, generosamente, su ejemplo y su contribución, en labores que no tienen reconocimiento ni recompensa entre nosotros. Ante casos así tenemos que ser repetuosos y mostrar nuestra gratitud a quienes son capaces de moverse por los valores e ideales que dieron origen a nuestra civilización.

Mano de hierro

Un aforismo educativo expresaba que la educación ha de realizarse con mano de hierro en guante de terciopelo. Ya he reflexionado en alguna ocasión sobre él pero ahora al calor de las nuevas circunstancias vislumbro otros matices.
Educar busca modificar actitudes y conductas y, al mismo tiempo, crear un autocontrol interno que permita a la persona educada conducirse autónomamente en función de unos principios y valores fundamentales y valiosos. No es educar, dejar las cosas como están, ignorar los principios, soslayar valores, entregarse al azar, promover la satisfacción inmediata...
Los tres pilares básicos de la educación son la asunción de un sistema de principios y valores trascendentales, el control interno y la demora de la consecución de los objetivos y satisfacción de nuestros deseos.
Las personas educadas se caracterizan por adaptar sus comportamientos y actitudes a unos principios y normas expresas o implícitas, que les aproximan a unos modelos ideales; tienen un sello personal en sus actuaciones que les separa del seguimiento ciego de modas y corrientes; saben diferir el logro de sus satisfacciones, buscando no el placer inmediato mas la consecución de metas a veces muy distantes en el tiempo, beneficiosas para él y para otras personas, porque estima el placer no en su dimensión individual sino social. No le deleita ser sino compartir; no se siente una isla sino un miembro de una comunidad; no busca para sí mas para todos. Hacen bueno que las penas compartidas tocan a menos pero las alegrías entre varios se multiplican.
¿Cómo doblegar voluntades, como superar la tendencia egocentrista, como aceptar la demora de la satisfacción en función de objetivos más elevados y mas positivos para nosotros y para el grupo en que estamos integrados? Aquí es donde combran sentido las palabras del aforismo: con dulzura, con alegría, con la delicadeza que proporciona el amor, pero teniendo presente en cada momento los fines que nos proponemos alcanzar y respetando escrupulosamente los principios y valores sociales que hemos de trransmitir. Suaves en las formas, delicados en el tacto, con delicadeza amorosa en el hacer pero implacables en el rigor del proceso, intransigentes en la fidelidad a lo que tenemos que transmitir, exigentes en el cumplimiento de las tareas. Se trata de educación y quien se dedica a la educación tiene que ser consciente de que sus trabajo es a largo plazo y los resultados se evidencian a la distancia de décadas.

lunes, noviembre 21, 2005

Carmina Burana

Esta mañana comentaban tres estudiantes catorceañeras lo que les había deleitado escuchar la composición de Carl Orff. No quedaba ahí el reconocimiento hacia la música clásica; también alababan composiciones de Mozart, de Vivaldi, Brahms, Beethoven, Minskowki...
Seguramente, la labor de la profesora de música haga más por la formación cultural y musical de estos alumnos intercalando en sus clases audiciones que insistiendo una y otra vez en que estudien la biografía y obras musicales que recogen los manuales de Historia de la Música, o las duras y repetitivas sesiones de solfeo y de ejerccios de flauta. El progreso en el conocimiento de cualquiera que sea la materia se ve facilitado si logramos despertar en el estudiante el amor y el entusiasmo por aquello que han de aprender y toda actividad que les lleve a descubrir la utilidad de lo estudiado, a deleitarse con el trabajo académico, a sentir gratificación tanto en lo que hacen como en la progresión de sus conocimientos, estaremos echando los cimientos para un buen aprendizaje y levantando andamios para edificar un amante del saber.
En muchas ocasiones los docentes, acuciados por las prisas, desmoralizados por los gestos de desagrado que surgen ante el encuentro con nuevas formas y estilos, desilusionados con experiencias personales negativas, abordan el trabajo de forma rutinaria y con la mirada puesta en el el programa y en el calendario, desestimando lo que sería más lógico: desbrozar el terreno, mostrar lo que se quiere construir para luego ponerse a cavar la cimentación.
Que preadolescentes acostumbradas a las radiofórmulas y a las listas surgidas de las técnicas promocionales sientan placer con una orquesta sinfónica o con la mezzo-soprano Cecilia Bartoli alegra y despierta la esperanza: no todo va a ser telenovela, teleserie y videojuegos en la cultura de las futuras generaciones

sábado, noviembre 19, 2005

Juntos_1

Se está juntos para hacer cosas no por estar, dice el Filósofo. No creo que esta expresión sea importante porque haya llegado a nosotros en palabras de un notable pensador sino porque recogen una experiencia constatada.
No se permanece juntos sin la cohesión proporcionada por objetivos comunes, por proyectos implicadores de todos los miembros del grupo, por la confianza en la ventaja de la colaboración y la esperanza de una finalidad superior a la que se puede esperar de la acción individual. Esto sucede en cualquier grupo humano: el equipo, la empresa, el grupo nuclear social, la comunidad o el país; por tanto estamos ante un principio básico que va a condicionar la constitución, el desarrollo y el devenir del mismo. Cuando se analizan las incidencias y conflictos de cualquier grupo humano no acertaremos a entender la dinámica ni las tensiones dentro del conjunto si no podemos disponer de la adecuada información.
Las motivaciones y los intereses de los constituyentes del grupo son un diagrama ajustado del substrato intelecto emocional que ha dado lugar al proyecto inicial y refleja la nebulosa de intereses y esperanzas capaz de dotar de energía a la empresa conjunta. El devenir de los hechos y la evolución de las circunstancias ha transformado estas iniciales motivaciones, ajustándolas a la realidad y forzando la reconfiguración de los objetivos, normalmente en términos realistas. Mas estas primeras motivaciones no desaparecen, quedan guardadas en el subconsciente y desde allí ejercen de referente de satisfación emotiva. La sensación de éxito/fracaso que se percibe en el desarrollo de nuestros proyectos está ligada a las expectativas y motivaciones iniciales y a la racionalización de los desajustes iniciales de apreciación.

Pat

Pat, alta, desgarbada de modales, de estilada figura, se mueve como una calandria inquieta y candorosa. Se me acerca para decirme que de esta vez va a sacar buenas notas; que ha madrugado para repasar sus lecciones y que se siente segura de sus conocimientos. Pat mantiene una disputa conmigo porque se resiste a utilizar las gafas que le han prescrito; se siente relegada ante su hermana que la supera en éxitos académicos y busca un poco de atención para afirmarse y encontrar su lugar. Emocionan, el candor, la ilusión, los ánimos de superación.
Cuando la ilusión y el deseo de superación se conjuntan, mas que esperanza, se puede hablar de seguridad en alcanzar las metas propuestas. Pat, es como el albor de un nuevo día, en este mundo donde la esperanza es fuerza que mueve nuestros pasos. Que nos sea concedido ver como el sol se eleva en la bóveda celeste.