Ferrocarriles
Cuando se introdujo el ferrocarril en España, tiempos de Isabel II, se optó por un ancho de vía diferente del inglés y del francés, considerando que así protegíamos mejor a nuestro país de las invasiones exteriores. Tan bien lo hemos protegido que el desarrollo se detuvo en los Pirineos y nuestra tierra quedó anclada en los mares de la historia.
Han tenido que pasar muchos años -siglos- para que con la implantación del ferrocarril de alta velocidad los que en representación del pueblo toman decisiones, cayeran en la cuenta de establecer el mismo ancho de carril que los demás países. Bienvenida sea la cordura aunque llegue tarde y nadie nos pueda resarcir de las oportunidades perdidas.
Ahora que formamos parte de Europa y que según una desafortunada frase "regresamos al corazón de Europa" algunos grupos de españoles con el pretexto de proteger y fomentar las peculiaridades culturales y territoriales está tendiendo unas "líneas férreas culturales y lingüísticas" de medida totalmente contraria a las que se extienden por el resto del planeta.
¿Cuánto tiempo ha de pasar para que homologuemos nuestras directrices culturales y lingüísticas con las de los demás países? ¿Y cuántas generaciones tendrán que sufrir las consecuencias de los desvaríos de unos ególatras, capaces de retorcer los marcos y los principios, con tal de asegurarse un puesto en la escala del poder?
