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Ovellocorvo

domingo, octubre 07, 2007

Ferrocarriles

Cuando se introdujo el ferrocarril en España, tiempos de Isabel II, se optó por un ancho de vía diferente del inglés y del francés, considerando que así protegíamos mejor a nuestro país de las invasiones exteriores. Tan bien lo hemos protegido que el desarrollo se detuvo en los Pirineos y nuestra tierra quedó anclada en los mares de la historia.
Han tenido que pasar muchos años -siglos- para que con la implantación del ferrocarril de alta velocidad los que en representación del pueblo toman decisiones, cayeran en la cuenta de establecer el mismo ancho de carril que los demás países. Bienvenida sea la cordura aunque llegue tarde y nadie nos pueda resarcir de las oportunidades perdidas.
Ahora que formamos parte de Europa y que según una desafortunada frase "regresamos al corazón de Europa" algunos grupos de españoles con el pretexto de proteger y fomentar las peculiaridades culturales y territoriales está tendiendo unas "líneas férreas culturales y lingüísticas" de medida totalmente contraria a las que se extienden por el resto del planeta.
¿Cuánto tiempo ha de pasar para que homologuemos nuestras directrices culturales y lingüísticas con las de los demás países? ¿Y cuántas generaciones tendrán que sufrir las consecuencias de los desvaríos de unos ególatras, capaces de retorcer los marcos y los principios, con tal de asegurarse un puesto en la escala del poder?

Creacionismo

El Consejo de Europa acordó en una resolución reciente quitar las referencias creacionistas de los libros de texto. Con todos mis respetos hacia tan significada institución, he de manifestar esta decisión es una colosal metedura de pata y roza las fronteras de la estupidez. Metedura de pata porque el Consejo debe tener seguramente temas más perentorios de qué preocuparse; porque decidir qué es lo que la ciencia tal vez determinará -si algún día consigue dar respuesta a la cuestión- antes de esta realice sus investigaciones no parece muy científico; estupidez porque, a menos que el Consejo tenga pruebas irrefutables de la génesis o sea capaz de provocar la transmutación de materia inerte en vida... es un ejemplo de lo atrevida que resulta, a veces, la ignorancia.
Claro que si el motivo que impulsa al Consjeo a negar el creacionismo es evitar que se puedan poner objeciones bioéticas a las experiencias con embriones, al aborto o a la eutanasia, se entiende mucho mejor. Mas para este viaje quizá sobren barcos y todo se arregle mejor prescindiendo de la ética y asumiendo que se va a prescindir de los condicionantes éticos en el futuro en todo aquello que contrarie o limite lo que la "ciencia" decida emprender.
¿Por qué empeñarse en esconder la Ética cuando priman otros intereses? ¿Acaso los esclavos no padecían maltrato, explotación y la humillación de ser considerados bestias por que se negase que tuviesen alma? ¿No giraba la Tierra alrededor del Sol cuando Galileo fue condenado a retractarse? ¿Ya olvidamos que niños espartanos eran despeñados en beneficio del Estado? ¡Cuántas aberraciones se comenten en virtud de derechos inventados al margen de la ética! Repasemos la historia y nos asombraremos de lo sobado que está este proceder. Cambiar la Ética no cambia la licitud de los hechos del mismo modo que cambiar el código penal puede evitar que crímenes sean castigados pero no modificará su condición de crímenes.
Negar el creacionismo sin tener la capacidad de provocar la generación espontánea es volver a épocas pasadas cuando el insigne Pasteur, con una ampolla de vidiro y un trozo de carne, demostró que lo de la generación espontánea es una quimera. ¿Por qué empeñarse en ocultar una verdad cuando podemos demostrar la fuerza de nuestra ciencia dando vida a la materia inerte? Ya se extinguirá el creacionismo por sí solo, por absurdo; pero no lo borremos de los libros de texto... a menos que estemos por entrar en la Historia por bárbaros.

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